¿Qué técnica actoral elegir para empezar? Diferencias prácticas entre Meisner, Stanislavski y Lecoq
Cuando alguien llega por primera vez a una escuela de interpretación, una de las preguntas más habituales es: «¿Qué técnica actoral debería estudiar?». Y es una duda completamente lógica.
Basta con buscar un poco para encontrarse con nombres como Stanislavski, Meisner, Lecoq, Adler, Strasberg… y la sensación de que hay que elegir «la correcta» antes incluso de haber pisado un aula.
Soy Nicolás Pérez Costa, profesor de entrenamiento actoral en IFAM Instituto de Formación Artística de Madrid, y mi respuesta suele sorprender: la mejor técnica para empezar no es necesariamente la que más fama tiene, sino la que te permite construir una base sólida como actor.
Las técnicas no son equipos enfrentados. Son herramientas que nacieron para resolver preguntas distintas sobre el oficio. Lo importante no es memorizar un método, sino comprender qué aporta cada uno y cómo puede ayudarte a crecer como intérprete.
Stanislavski: comprender al personaje desde la acción
Si hablamos de interpretación contemporánea, es imposible no empezar por Konstantín Stanislavski. Gran parte de las escuelas de teatro actuales parten, directa o indirectamente, de sus investigaciones.
Contrariamente a lo que muchas personas creen, Stanislavski no proponía que el actor «sintiera mucho». Su trabajo estaba orientado a que el actor entendiera qué quiere el personaje, qué hace para conseguirlo y cuáles son los obstáculos que encuentra.
En otras palabras, la interpretación se construye desde la acción.
Cuando un actor comprende el objetivo de su personaje y actúa en consecuencia, la emoción aparece de forma orgánica, sin necesidad de buscarla de manera artificial.
En nuestras clases trabajamos constantemente sobre esta idea. Antes de pensar cómo decir un texto, nos preguntamos por qué el personaje lo dice, qué intenta conseguir y qué está ocurriendo realmente en la escena.
Esa claridad cambia por completo la interpretación.
Meisner: aprender a escuchar de verdad
La técnica desarrollada por Sanford Meisner pone el foco en algo que muchas veces olvidamos: la escucha.
Una gran parte de los problemas interpretativos aparecen porque el actor está demasiado pendiente de sí mismo. Piensa en la siguiente frase, en cómo está siendo observado o en la emoción que debería mostrar.
Mientras tanto, deja de escuchar lo que realmente sucede delante de él.
El entrenamiento inspirado en Meisner busca exactamente lo contrario.
El actor aprende a reaccionar de forma auténtica frente al compañero, dejando que la escena cambie constantemente en función de lo que ocurre en el presente.
No se trata de improvisar ni de abandonar el texto. Se trata de que el texto permanezca vivo porque la relación también lo está.
En IFAM dedicamos una parte muy importante del entrenamiento al desarrollo de la escucha. Porque un actor que escucha realmente deja de interpretar respuestas preparadas y empieza a construir escenas vivas.
Lecoq: el cuerpo como primer instrumento
Si Stanislavski pone el foco en la acción y Meisner en la escucha, Jacques Lecoq propone mirar primero al cuerpo.
Su investigación parte de una idea sencilla: antes de hablar, el cuerpo ya está contando una historia.
La forma de caminar, el ritmo, la energía, el equilibrio, el espacio que ocupamos… todo comunica.
Por eso, el entrenamiento físico ocupa un lugar central dentro de esta corriente.
Aunque no todos los actores terminarán trabajando desde una técnica física como la de Lecoq, comprender el cuerpo como instrumento es una herramienta extraordinariamente útil para cualquier intérprete.
En nuestro entrenamiento también trabajamos desde esa conciencia corporal. El cuerpo no acompaña la interpretación: forma parte de ella.
Un actor que domina su cuerpo tiene muchas más posibilidades de construir personajes complejos y precisos.
Entonces… ¿hay que elegir una sola técnica?
Mi respuesta es no.
En realidad, los actores profesionales rara vez trabajan pensando que están aplicando exclusivamente Stanislavski, Meisner o Lecoq.
Lo que hacen es utilizar las herramientas que necesitan para resolver cada escena.
Por eso, en IFAM no entendemos el entrenamiento como la defensa de una única escuela o corriente. Nuestro objetivo es que el alumno construya una base sólida donde el cuerpo, la voz, la escucha, la acción y la presencia trabajen de forma integrada.
Especialmente cuando alguien está empezando, resulta mucho más útil desarrollar buenos hábitos de trabajo que intentar encajar dentro de una etiqueta metodológica.
Con el tiempo, cada actor irá descubriendo qué herramientas conectan mejor con su manera de crear.
El entrenamiento continuo es más importante que la técnica
Existe una idea equivocada de que basta con aprender una técnica para convertirse en actor.
La realidad es otra.
La interpretación es un oficio práctico. Igual que un músico ensaya o un bailarín entrena cada semana, el actor necesita mantener activo su instrumento.
El cuerpo cambia, la voz cambia, la escucha cambia. Si dejamos de entrenar, esas herramientas también se transforman.
Por eso nuestros cursos están organizados en módulos independientes de tres meses, permitiendo que cada alumno pueda incorporarse en distintos momentos del año y mantener un proceso de formación constante.
Cada trimestre finaliza con una representación frente a público, donde todo el trabajo desarrollado en clase encuentra su espacio natural: la escena.
Ya están abiertas las inscripciones para octubre, noviembre y diciembre
Las inscripciones para el trimestre de octubre, noviembre y diciembre ya están abiertas.
Si estás buscando una formación donde el entrenamiento actoral se aborde desde una perspectiva práctica, rigurosa y contemporánea, este puede ser un buen momento para comenzar o para retomar tu proceso como actor o actriz.
En IFAM Instituto de Formación Artística de Madrid trabajamos con grupos reducidos para garantizar un seguimiento cercano y un entrenamiento de calidad.
Nos encontrarás en:
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28012, Madrid
📞 Teléfono
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🌐 Web
Sea cual sea la técnica que más adelante despierte tu interés, lo verdaderamente importante es empezar a entrenar. Porque las herramientas actorales no se adquieren leyendo sobre ellas, sino poniéndolas en práctica, compartiendo escena y construyendo un proceso de trabajo constante.
